A PROPÓSITO DE EDUCACIÓN: ¿CONOCISTE A SANFELÍU?

Una buena educación es la clave para triunfar en la vida. Te presentamos a uno de los grandes educadores de nuestro país: Federico María Sanfelíu SJ.

Ramiro Alarcón Flor

5/16/20263 min read

yellow butterfly on person's index finger
yellow butterfly on person's index finger

A PROPÓSITO DE EDUCACIÓN:

¿CONOCISTE A SANFELÍU?

                                                                                                                    Pasó por el mundo haciendo el bien (Hech. 10,38).

Un “jovencito” de rostro risueño, que llevaba la alegría anclada a flor de piel apareció de repente en aquel recinto. Flaco, atlético, raudo, atento y cortés. Acento español y manos grandes y firmes. De sus ojos emanaba luz. Sonrió plácidamente cuando, con mi amigo José Luis Badillo, le pedimos que nos permitiera hablar un momento con él.

Era una mañana soleada de verano y su oficina lucía alegre. El color verde claro del césped de la cancha de fútbol contigua se apreciaba luminoso. Lucía un chaleco azul y movía mucho las manos. Su actitud empática y sencilla contrastaba un tanto con el enorme librero de madera repujada que se encontraba detrás, y con los cuadros serios, envueltos en artesanía barroca, de personajes místicos que se enganchaban en las paredes. Nos sentamos en dos sillones de cuero negro mientras él, detrás de su escritorio, nos miraba con curiosidad. Su acogida difuminó en pocos segundos nuestro estrés juvenil. Fue el inicio de una amistad perpetua. Se llamaba Federico María Sanfelíu, era jesuita. Este “jovencito” tenía 58 años y lo habían nombrado Director de Pastoral de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE).

Nosotros veníamos de un mundo de números. La Escuela Politécnica Nacional contigua a la PUCE, era tal vez el terreno más propicio para captar “soñadores que quieran transformar el mundo”. Cuando Sanfelíu nos contó de “Un tal Jesús”, quien había dedicado su vida a mejorar la humanidad, utilizando métodos increíbles como el amor, el perdón, la paz y la justicia; todo se volvió magnético y produjo la inserción de varios politécnicos en aquel Departamento de Pastoral. Constituimos un grupo y comenzamos a trabajar por los demás. Eran los años 87 u 88 del siglo pasado. Tendríamos algo más de veinte años y fue un tiempo lleno de luz.

Como todo maestro, enseñaba a vivir. Le encantaba hablar en parábolas, varias de ellas de su amigo Anthony de Mello:

Había una vez un hombre que, cuando se levantaba por las mañanas tardaba tanto en encontrar su ropa, que por las noches prácticamente dormía vestido.

Cierta noche tomó papel y lápiz y mientras se desvestía iba anotando el nombre de cada prenda y el lugar donde la depositaba. A la mañana siguiente sacó el papel y leyó:

-Camisa. Allí estaba. Se la puso.

-Pantalón. Allí también…

-Sombrero…

Estaba verdaderamente encantado, hasta que le asaltó un horrible pensamiento:

-Y yo… ¿Dónde estoy yo? Había olvidado anotarlo. De modo que se puso a buscar y a buscar en vano. No pudo encontrarse a sí mismo.

¿Y tú?… ¿sabes quién eres? ¿Y dónde estás?

-El secreto de la realización y la felicidad radica en encontrarse a uno mismo. Las verdaderas batallas se libran internamente. Atrévete a ser auténtico –concluía.

Este era Sanfelíu, un gran maestro. Pasó por el mundo haciendo el bien. Fue un sembrador insigne, capaz de transformar muchos de sus sueños en organizaciones concretas que siguen hoy sirviendo y mejorando la sociedad. Lo entrevisté la última vez, en un medio de comunicación de Quito, tenía ya 85 años, y me dijo: “Soy un soñador, y seguiré soñando hasta que me muera”

Y así fue. Vayan estas letras a un gran referente de juventudes. A un gran educador, a pocos años del encuentro definitivo con su Maestro.