Y el Águila Voló
DIos quiere que seas feliz. Que seas auténtico, que logres tus más grandes sueños. Que saques a flote lo mejor que llevas dentro. Conócete a ti mismo y ámate... ese es el secreto...
Ramiro Alarcón Flor PhD
4/8/20253 min read


Y EL ÁGUILA VOLÓ
Los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas, se elevarán sobre sus alas, como las águilas correrán y no se cansarán… Isaías 40,31
Había una vez una gallina que merodeaba por un campo. Mientras caminaba alegre en medio del sol de la mañana, divisó un huevo en medio de la vegetación. Lo miró y se apiadó de él. Lo llevó a su gallinero a empollarlo junto a los otros.
Era un huevo especial, más grande que los demás. Blanco, cremoso y de manchas rosadas.
Al cabo de un tiempo, los pollitos recién nacidos comenzaron a salir, pero este huevo parecía irrompible. Al fin, después de veinte días adicionales de mucho esfuerzo, se rompió y de él emergió un pollito negro, feo, enorme y desproporcionado. La familia de la gallina lo aisló.
El nuevo ejemplar quería socializar con el gallinero, pero era despreciado. Sólo su madre la gallina lo cuidaba y mimaba.
Pasó un tiempo y los dos salieron a dar un paseo por el campo. De pronto un ave maravillosa surcó el firmamento a una velocidad impresionante. La gallina quedó atrapada en aquel espectáculo y le dijo a su hijo:
-Es el águila hijo mío. El rey de las aves. Nadie vuela como ella. Mírala, es un regalo de Dios.
El pollito se emocionó. Luego preguntó:
-Es maravillosa. Mamá, ¿tú crees que nosotros podremos volar como ella, algún día?
La gallina lo miró y sonrió: no seas iluso, nosotros somos gallinas, jamás podremos volar así. No digas tonterías y mejor come los gusanos que te he traído.
Luego de varios días de este acontecimiento, un hombre entró al gallinero y fue directamente por el pollito, que ahora lucía más grande y feo que antes. Le habían salido unas alas enormes y un pico gigantesco. Lo vio y le dijo:
– ¿Qué haces aquí?
-Aquí vivo.
-Tú no debes vivir aquí.
Lo tomó consigo y se lo llevó a una alta montaña. Y mientras subía le susurró:
Tú no eres una gallina, has vivido como una gallina, has comido lo que comen las gallinas y has hecho lo que hacen las gallinas, pero esa no es tu historia. Mírate, eres diferente, eres un águila y perteneces al infinito. ¡Quiero que levantes esas alas y vueles ahora!
¡Atrévete a ser tú mismo!
Y lo lanzó.
El pollo, que no creía en sí mismo, se vio arrojado al abismo y un miedo feroz se apoderó de él. Al final, cuando parecía que se iba a estampar contra el suelo, levantó sus alas y logró estabilizar un poco. Terminó sobre la dura tierra un tanto golpeado.
El hombre bajó y lo curó, no sólo físicamente, sino emocional y espiritualmente.
-Tú eres un águila. Eres lo mejor que pudo hacer Dios. Eres capaz de volar hacia el infinito, a la velocidad que quieras y cazar lo que te plazca. No te conformes con ser una gallina, ése no es tu destino. Tú perteneces al cielo, no al suelo. Date la oportunidad de ser tú mismo. Levanta tus alas, no tengas miedo.
-Serás feliz.
Y al cabo de dos intentos más, el pequeño aguilucho sintió su corazón latir intensamente y una mirada diáfana de seguridad, de felicidad y de realización se apoderó de él… lo intentó nuevamente…
Y el águila Voló.
Aquel día empezó su vida. Su camino hacia la excelencia.
Todo parecido con la realidad, -querido amigo lector-, es completamente a propósito.
Dios tiene un plan para usted y para mí. Él quiere que usted sea feliz, que logre sus más grandes sueños y anhelos. Que luche y que jamás se rinda. Atrévase a sacar el águila que lleva dentro. No tenga miedo. Si usted lo quiere, Él estará con usted todos los días hasta que se termine este mundo (Mt 28,19).